El legado Merkel: la política en estado puro

Columnas
UPDATED: noviembre 15, 2018

Hace unos días recibimos la noticia de que Angela Merkel no repostulará a la presidencia de su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Se trata de una decisión que nos ofrece significativos mensajes políticos. Lo anterior, por cuanto se trata de una líder que ha conducido la política de su país durante los últimos 13 años y que también ha sido gravitante para las decisiones políticas en Europa y en el mundo entero. Ni más, ni menos.   

Los resultados de la derecha extrema se entienden(…), por el hecho de abandonar posiciones propias de las ideas demócratas cristianas

Comencemos diciendo que Merkel ha ejercido con éxito el poder desde el año 2005. Ha logrado implantar su sello en la política de su país. Ahora bien, los últimos resultados electorales han precipitado la decisión de abandonar el poder. A simple vista, las elecciones regionales, primero en Baviera y luego en Hesse, terminaron por apurar el retiro político de la líder alemana. A esta realidad electoral, se suma el decreciente apoyo en los estudios de opinión para la CDU y también para los socialdemócratas (SPD), partidos aliados en el actual gobierno y que representan a actores tradicionales del sistema de partidos alemán.

Por su parte, ha surgido un partido de extrema derecha que ha logrado sumar adhesiones. Alternativa para Alemania (AfD) se ha alzado como un actor en la política alemana que ha crecido en su representación e influencia pública. Recordemos que, en la cuarta elección de Merkel, también ingresó al parlamento esta derecha eurófoba y xenófoba. Esto supone una realidad política distinta. La decisión de no volver a perseverar por la conducción de la CDU se puede explicar por este escenario abierto y por cierto nivel de desgaste de su liderazgo. Para los críticos de Merkel al interior de su partido, los resultados de la derecha extrema se entienden por la decisión gubernamental de haber acogido a más de un millón de inmigrantes sirios, libios y de otros países musulmanes durante los últimos años, como, también, por el hecho de abandonar posiciones propias de las ideas demócratas cristianas. 

Dicho lo anterior, puede parecer algo apresurado, pero vale la pena preguntarse en este momento: ¿cuál es el legado de la canciller alemana?, ¿qué huella deja en la política de su país y en la política mundial?, ¿qué podría venir después de su liderazgo tan nítido durante los últimos años?

Como se puede apreciar, su decisión deja muchas cuestiones por responder. Pero también muchos puntos que destacar de su actuación política. A continuación, reflexionamos sobre algunos de ellos.

Primero, la defensa de la democracia ante todo. En su país, como también en otros lugares del orbe, se ha puesto de relieve el modo plano y pragmático del liderazgo de Merkel. Se ha dicho que ha ejercido el poder desde una sobriedad única y con una frialdad a prueba de todo. Es probable que todos estos calificativos tengan algo de asidero para describir la personalidad política de la canciller, sin embargo, nadie podría poner en duda su profunda vocación por la democracia y la defensa de esta. No por nada, ha sido llamada la “líder del mundo libre”. Puede ser que su historia familiar ―hija de un pastor luterano que creció en una localidad al este de Alemania, bajo el régimen comunista de la República Democrática Alemana (RDA)― explique el apego por la libertad y la justicia social.

Es, sin lugar a duda, una de las líderes que ha sostenido y defendido la unidad europea. Esta convicción incluso le ha significado pagar costos personales por perseverar en esta tarea

Segundo, la unidad y la cooperación en Europa. Es, sin lugar a duda, una de las líderes que ha sostenido y defendido la unidad europea. Esta convicción incluso le ha significado pagar costos personales por perseverar en esta tarea. Ha seguido con el ejemplo de los líderes que la han inspirado como el excanciller Helmut Kohl. Europa no sería la que conocemos en la actualidad sin el apoyo sistemático que ha ofrecido el gobierno alemán a la tarea de la unidad y la cooperación del viejo continente. Y, en este ámbito, Merkel ha jugado un rol protagónico.  

Tercero, la política de la eficacia y la estabilidad. Elección tras elección, los ciudadanos alemanes han respaldado a la canciller con su voto. Muchos se han preguntado qué atributos observan en ella para confiar una y otra vez. Al término de su actual periodo, sumará el notable registro de 16 años en el poder. La respuesta para lo anterior, según muchos analistas, es su manera de entender la política. No se trata de una líder que improvisa lo que debe hacer. Tampoco resuelve los problemas desde la emocionalidad rápida y furtiva. Se trata más bien de una líder que reflexiona con meticulosidad de científico y que luego actúa con una rigurosidad de cirujano. Su gestión demuestra que es una líder política que ha privilegiado la sensatez en sus juicios y la eficacia en sus actos. Estos atributos han proporcionado estabilidad para Alemania y, porque no decirlo, también para Europa.   

La forma de gobernar de Angela Merkel es el método para afrontar la política del siglo XXI donde predomina la entropía económica, la inseguridad social y la inestabilidad política. Merkel se las ha arreglado para dar certeza donde no la había.

Cuarto, entender la acción política desde la desideologización. Muchos adherentes de la CDU han criticado la excesiva desideologización que ha tenido Merkel para conducir el gobierno. Se podría afirmar que la líder alemana ha aplicado un manual de “corta palos” para conducir este. Merkel no ha mostrado ningún tipo de rigidez respecto de temas ideológicos. Y, por sobre todo, ha puesto el foco en el buen manejo económico. Desde que asumió el gobierno, luego de Gerhard Schröder, propició una economía robusta y pujante. Para diversos actores, la forma de gobernar de Angela Merkel es el método para afrontar la política del siglo XXI donde predomina la entropía económica, la inseguridad social y la inestabilidad política. Merkel se las ha arreglado para dar certeza donde no la había. Su biógrafo Stefan Kornelius ha descrito bien su talante político. Ha dicho de ella que sabe combinar el sentido del deber prusiano y la ética del trabajo protestante. Su gestión política ha demostrado que Merkel comprendió, mucho antes, que vivimos una época donde el debate ideológico, para bien o para mal, ha quedado supeditado a los asuntos económicos.   

En suma, se puede decir que ha ejercido el poder con un sello mesurado y sin grandes declamaciones, algo tan propio de la política moderna. Es correcto afirmar que Angela Merkel no conoce la política ejercida desde la vanidad. Estos atributos explican de buena manera la confianza depositada por los alemanes en ella por tanto tiempo. 

Por todo lo dicho, es inevitable preguntarse, ante la ausencia del liderazgo de Merkel, qué sucederá con Europa, que debe lidiar con las consecuencias del Brexit, con la situación en Italia y la caída de su economía, y con la elección del parlamento europeo del próximo año ante la arremetida de movimientos de derecha populistas, por mencionar algunos temas de la próxima coyuntura política. 

El próximo Congreso de la CDU, en diciembre, parece ser una instancia decisiva para el futuro no solo de este partido, sino que también para la política alemana y europea. Como hemos descrito, Merkel ha conjugado la política democrática con altos niveles de eficacia. Su principal legado se podría resumir en que ha tenido la singular destreza de aplicar la política en estado puro. En un mundo de inseguridades e incertezas, ha conducido con mano firme el difícil timón del gobierno alemán y también del europeo.

Como buena política que ha aplicado la racionalidad a sus decisiones más importantes, está por verse cuáles serán las últimas notas de una partitura que solo ha sonado con la melodía interpretada por Angela Dorothea Merkel. 

 

LUIS RUZ
Director Centro Democracia y Comunidad